miércoles, 28 de octubre de 2009

Immanuel Kant

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Immanuel Kant


Nació en Königsberg (ahora, Kaliningrado, Rusia) el 22 de abril de 1724. Kant se educó en el Collegium Fredericianum y en la Universidad de Königsberg. En la escuela estudió sobre todo a los clásicos y en la universidad, física y matemáticas. Tras la muerte de su padre, tuvo que abandonar sus estudios universitarios y ganarse la vida como tutor privado. En 1755, ayudado por un amigo, reanudó sus estudios y obtuvo el doctorado. Después, enseñó en la universidad durante 15 años, y dio conferencias primero de ciencia y matemáticas, para llegar de forma paulatina a disertar sobre casi todas las ramas de la filosofía.

Aunque las conferencias y escritos de Kant durante este periodo le dieron reputación como filósofo original, no se le concedió una cátedra en la universidad hasta 1770, cuando se le designó profesor de lógica y metafísica. Durante los 27 años siguientes continuó dedicado a su labor profesoral y atrayendo a un gran número de estudiantes a Königsberg.

Las enseñanzas religiosas nada ortodoxas de Kant, que se basaban más en el racionalismo que en la revelación divina, le crearon problemas con el Gobierno de Prusia y en 1792 Federico Guillermo II, rey de esa nación, le prohibió impartir clases o escribir sobre asuntos religiosos. Kant obedeció esta orden durante cinco años, hasta la muerte del rey, y entonces se sintió liberado de su obligación. En 1798, ya retirado de la docencia universitaria, publicó un compendio donde se contenía una expresión de sus ideas de materia religiosa. Murió el 12 de febrero de 1804.

Definiciones de Kant:

El Deber.
“El deber es la necesidad de una acción por respeto a la ley”. Las acciones pueden ser hechas por inclinación (mediata o inmediata), o por deber. Son hechas por inclinación cuando las hacemos porque nos parece que con ellas podemos obtener un bien relacionado con nuestra felicidad: en el caso de las que se buscan por inclinación inmediata porque la acción misma produce inmediatamente satisfacción (ver una película, por ejemplo); en el caso de las que hacemos por inclinación mediata porque con dichas acciones conseguimos una situación, hecho o circunstancia que produce satisfacción o ausencia de dolor (ir al dentista, por ejemplo). Sin embargo, las acciones hechas por deber se hacen con independencia de su relación con nuestra felicidad o desdicha, y con independencia de la felicidad o desdicha de las personas queridas por nosotros, se hacen porque la conciencia moral nos dicta que deben ser hechas.

La Buena Voluntad.
La voluntad que es buena en sí misma, que es buena no porque gracias a su actuación el sujeto pueda alcanzar un determinado fin sino porque actúa exclusivamente por deber.
Y ello aunque luego las acciones que el sujeto hace puedan verse truncadas en su intención, o puedan tener consecuencias no queridas por el sujeto e incluso contrarias a la felicidad de los demás. La buena voluntad es la que interviene cuando queremos hacer el deber por el deber.

El Imperativo Categórico.
Tiene tres formulaciones, a saber:
• Obra sólo de forma que puedas desear que la máxima de tu acción se convierta en una ley universal.
• Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin, y nunca sólo como un medio.
• Obra como si por medio de tus máximas, fueras siempre un miembro legislador en un reino universal de los fines.

El Imperativo Hipotético.
Son los imperativos que prescriben una acción como buena porque dicha acción es necesaria para conseguir algún propósito. Tienen la forma general "debes hacer X si quieres conseguir Y". Kant creyó que las éticas materiales sólo pueden fundamentar mandatos problemáticos o mandatos asertóricos, pero nunca mandatos morales en sentido estricto o imperativos categóricos.
Los imperativos hipotéticos (al igual que los juicios sintéticos a posteriori) son particulares y contingentes: los de la habilidad no mandan de forma universal ya que no todo el mundo tiene los mismos fines; los de la prudencia tienen un carácter más universal puesto que se refieren a la felicidad, algo a lo que todos aspiran, pero en sentido estricto tampoco son universales y necesarios. Lo que sea la felicidad depende de las circunstancias empíricas de cada persona; pero incluso, aunque fuese la misma para todos (por ejemplo una vida de conocimiento como parece suponer Aristóteles), el modo de realizar la felicidad depende de circunstancias empíricas (el modo de realizar la vida contemplativa depende de las circunstancias sociales, económicas y políticas de cada época).

La Intuición del Espacio y del Tiempo.
Para Kant, el espacio y el tiempo son las formas de nuestra sensibilidad o intuiciones puras, que le otorgan a las cosas que conocemos su estructura.

El espacio es la forma del sentido externo que permite la representación de los objetos como existentes en el espacio; y el tiempo es la forma del sentido interno que hace posible percibir los estados internos en una secuencia temporal. Los objetos externos también deben pasar por el sentido interno para poder lograr ordenar temporalmente las representaciones recibidas y considerarlas suyas. Por lo tanto, el tiempo es la forma general de la sensibilidad.

Para Kant el espacio es una condición “a priori” porque conforma nuestra percepción de la realidad; por lo tanto es la forma de la intuición externa pero también puede ser el contenido del acto de intuir.

La intuición es la base de la posibilidad de la geometría y de la matemática como ciencias puras, “a priori”, que no dependen de elementos empíricos; por eso la geometría puede establecer principios universalmente válidos con respecto al espacio que no puede ser considerado una característica de los objetos.

Es muy difícil imaginar el tiempo. Si bien constituye la forma del sentido interno, la intuición del tiempo presupone la intuición externa del espacio. Las determinaciones temporales presuponen necesariamente la intuición de espacio con la representación de objetos y la percepción de cambios y movimientos.

El noúmeno. El fenómeno.
El noúmeno, en la filosofía de Immanuel Kant, es el concepto problemático que se propone para referirse a un objeto no fenoménico, es decir, que no pertenece a una intuición sensible, sino a una intuición intelectual o suprasensible.

El término fenómeno tiene un sentido especial en la filosofía de Kant, al poner en contraposición el concepto de fenómeno con el de noúmeno. Los fenómenos constituyen el mundo tal como lo percibimos, en oposición al mundo tal como existe independientemente de nuestra experiencia que Kant llama «la cosa en sí misma» (Das Ding an sich). Según Kant, el ser humano no puede conocer las cosas-en-sí-mismas, sino solamente las cosas tal como las experimenta. Por lo tanto, la Filosofía se debe ocupar de tratar de comprender el propio proceso de la experiencia.

El Fin en Sí Mismo.
Nace del concepto del Imperativo Categórico, y plantea que es una "Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio".

El Mal Radical.
Cuando se da la adopción de los malos, hablamos de maldad (Bösartigkeit) de la naturaleza humana. Señala entonces la fragilidad, la impureza y la maldad (corruptio) del corazón humano. La perversitas, la que pervierte el orden moral. Aclara luego que toda inclinación es física o moral y que el mal moral depende de la libertad. Se trata de la inclinación al mal en el primer sentido dado a esa palabra (Peccatum originarius). Eso lo lleva a afirmar que el hombre es malo por naturaleza, conoce la ley moral y se aparta de ella.

El mal radical pervierte el principio de todas las máximas y no puede ser destruido por las fuerzas humanas. Pero agrega que la maldad (Bösartigkeit) de la naturaleza humana no es una verdadera maldad (Bösheit).

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